Habia una vez una ciudad en el Noroeste de Australia que se llamaba Cairns. En esta ciudad aterrizaban seres de todas las razas y colores dispuestos a embarcarse en la aventura de La Gran Barrera de Coral. Estos seres, habitualmente en unidades individuales, se empaquetaban en habitaciones a razon de 6 a 8 personas segun el espacio. Durante un periodo, generalmente corto, gastaban cantidades ingentes de dinero vistiendo absurdos uniformes de snorkel y contemporizando con tortugas (gigantes), tiburones (pequenyos), y peces de colores. Tambien desfilaban por los clubes de la ciudad (abundantes), disfrazados de forma muy variada e ingiriendo alcohol en dosis industriales.
El cuento empezo ayer y el observador he resultado ser yo. He visto en la misma tarde a Catwoman, dos monjas, a Marylin y otras unidades luciendo ropajes de meretriz de diversa calanya. Pasean por la calle de forma indolente, fundiendose con el paisaje de esta ciudad surrealista que recuerda a Miami. El observador comparte cuarto y litera con
-un soldado de la US Navy procedente de la America Profunda
-un informatico de New York sacado de una parodia de informaticos freakis.
-un adolescente holandes que se esta dando una vuelta por aqui.
Flexibilidad es la palabra clave si te embarcas en un chiringuito de este calibre y le hueles los pedos al de la litera de arriba. Procuro ser muy flexible. He salido de copas con ellos. El soldado, rajando de Obama, el informatico pelirrojo y paliducho, ensenyando el pecho por Obama, el holandes, pescando, y un servidor, mordiendose la legua para evitar conflictos de orden internacional. Porque escuchar las "opiniones" de un militar republicano de la America profunda le machaca el sistema nervioso a cualquiera. Sorprendentemente, logre contenerme y disfrutar de la companyia y el gin tonic.
Se entiende el titulo, no?
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